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ZulemaMaza La cautiva, vuelo
de palomas Académica de Número. Academia Nacional de Bellas Artes. Presidente de la Asociación Argentina de Estética. La mujer raptada, en cautiverio, en tantas actitudes y situaciones parecidas o diferentes que se reiteran a través de un devenir que se sugiere ininterrumpido, con y sin riesgo: ¿imágenes de la seducción?. Decirlo
es fácil, e inexacto. No es eso. No es sólo eso. Diríamos que lo que importa
va por otro lado. Imágenes que se cotejan, que parecen establecer proximidad
y parangón, en binomio o simplemente aisladas, encarnando lo femenino
acompañado y simbolizado por la paloma en vuelo, o posada sobre el pecho
desnudo de la cautiva exánime. Imágenes agrisadas, reminiscentes. ¿Qué es lo que puede unir a la cautiva y el guerrero? Algo esencialmente inherente a la ilusión de la ficción. El impacto de una sensorialidad, de una sensualidad omnipresente que delata la esfera -de arraigo ilustre- del Ordo Amoris, de larga, antiquísima influencia en los desarrollos del pensamiento y la filosofía. Ella es una artista. ¿dónde podía acudir, qué mejor campo de experimentación y de expresión que aquél en el que domina la técnica, la memoria, la historia?. Demás está decirlo, la historia del arte. De ese ancho y generoso caudal intertextual, como no menos de la cotidianeidad familiar Zulema ha extraído una inspiración operando mediante la retención de esa huella que alude a múltiples horizontes símiles disímiles. Como si en pintores o artistas muy alejados en el tiempo y el espacio pudiera captarse, no obstante, la sobreabundancia de una instancia espiritual o energética, un sentir con-junto que embarga el todo y que subyace en estratos de base, del ser y del existir. Como si la ejemplaridad del arte facilitara el aflorar, en el universo de formas y apariencias bellas, siempre diversas, una constante. Algo de permanencia intemporal o inmodificable, un arrastre, un viento sensible que desborda lo individual y que poseería sustancia cósmica infinita. Sin principio ni fin (barroco). La dimensión del afecto contaminado el aparecer en su raíz más honda, en ocasión de lo estético. La filosofía lo había provisto (no menos que el arte, la filosofía crea). Construcción,
(invención de conceptos). El arte parece realmente habilitar la disponibilidad
de nuestras facultades. La facultad de conocer, del desear, del querer
serían aptitudes que oscilan, en suspenso, cuando la expansión del sentir
se dilata y amplifica, aquí y allá, en los vericuetos y múltiples recorridos
de la imagen. Tenemos sin duda juicios y gustos estéticos que no coinciden,
pero es posible pretender que sea común a la humanidad no una esencia
universal, pero si la posibilidad de una contemplación (término con frecuencia
mal entendido) de la que surgiría un sentimiento compartido. Lo estético
desencadena ese chance. Parece ser lo que persigue la artista en la sucesión
de visiones que llevan la impronta de la paloma. Pero asimismo del corazón,
de una reconocible iconografía cuyo sentido utiliza y a la vez desborda
para resignificar el plano. © arteUna - Todos los derechos reservados. Registro a la propiedad intelectual N.706.777 |