D.M
Quién es el pirata?
Confieso
que en los 15 años que llevo ocupando mi tiempo en tareas informáticas (Diseño,
fotografía digital, multimedia, etc.) solamente una vez he comprado un programa
original. Fue el Director 4.0 para Windows y lo hice por el solo motivo que
necesitaba una parte del manual que, entonces, no se conseguía en las librerías
especializadas. Actualmente trabajo con las versiones 6.0 del susodicho programa
en plataformas MAC y PC, ambas "truchas". Nunca más compré otro.
Por qué?
Por dos razones fundamentales: La primera es que no me hizo falta. La segunda
es porque me resisto a erogar las enormes fortunas que requiere estar al día
con todo el software de aplicación necesario en una tarea como la mía.
Aclaremos.
Primera razón: Es casi un hecho incontrovertible que los vendedores de equipos
(hardware) promocionan sus productos ofreciendo cada vez más opciones de software
pre-cargadas en la máquina que intentan vender. Aquí (en Argentina) casi todos
los comerciantes de Macintosh venden las máquinas con "paquetes" que incluyen
versiones actualizadas de las aplicaciones más costosas del mercado (Illustrator,
Photoshop, Quark X Press, etc.), además de cientos de extensiones y utilitarios
esenciales para el correcto funcionamiento del Sistema Operativo. Ni que hablar
de los propios SO que, como norma, ya ni se discute su inclusión e instalación
previa. Si uno presiona un poco, el mismo "dealer" le dirá: - Si, puedo conseguir
el Blablabla 4.0.1 ... pero no diga nada, eh? - y te lo carga sin más.
Suficiente. Basta con recorrer un poco los negocios para llegar a casa con uno
- o varios - CD cargados de aplicaciones interesantes que han costado solo un
poco de charla y quizás el disco virgen (aunque en la mayoría de los casos,
ni eso)
Aha! Entonces son ellos los que fomentan la piratería!
No es tan así. De fábrica, y profusamente anunciados en cualquier revista del
tema, uno puede leer ofertas de máquinas de marcas líderes con suites de software
incluidas suficientes como para establecer una mini empresa.
Aha! Entonces son los fabricantes !!
Ni eso. No hay más que recorrer las librerías especializadas o algunos kioscos
de revistas para observar que de cada 5 publicaciones, 3 ofrecen versiones que
funcionan de programas de una generación anterior a la última que, en la mayoría
de los casos resultan mejor para trabajar que las más modernas (y caras)
Claro, muchas de estas versiones puede que no funcionen bien o que vengan con
algún elemento desarmado, como para tentar al pasajero, pero no darle todo el
dulce... provocando un pequeño lío a la hora de salvar archivos o incorporar
números de serie... Ja! Mentira... En el mercado circulan gratuitamente varios
programas que incluyen números de serie y actualizaciones "hackeadas" de los
originales de los programas más famosos.
Entonces, finalmente, la culpa es de los hackers... Ya lo viene diciendo todo
el mundo...
Lo dudo. Mucho me temo que, en este caso, los "hackers" sean los mismos fabricantes
o distribuidores de soft, que de esta manera ponen en el mercado muestras de
sus productos, intentando enganchar al usuario para siempre.
Pero... Uno se queda sin los manuales...
Nada de eso. He visto en las librerías, hasta 6 versiones de títulos dedicados
a los programas más complejos con referencias más completas y más claras que
en los manuales originales, a un precio más que razonable... y editadas bajo
estímulo o licencia de los mismos fabricantes del software!!! He aquí, entonces,
otro foco infeccioso. Saneemos todo esto y se terminará con la piratería...
Quizás. Y para aclarar más, o terminar de confundirlo todo, argumentemos sobre
mi segunda razón para no comprar software original.
Pero quién es el verdadero pirata?
Cualquier programa de aplicación enlatado, cuesta entre 200 y 1.500 (o más)
dólares en el comercio, con grandes anuncios de las maravillosas prestaciones
que ofrecen como mejoras de lo anterior o de alguna especial competencia, y
que además viene en cajas muy lindas con mucha bibliografía y montones de papeles
que amenazan con juicios terribles y recomendaciones absurdas. Pero en realidad,
aparte de la idea original, no son más que "baúles" de herramientas que, bajo
la genérica denominación de "aplicaciones", derivan de alguna serie de rutinas
básicas que no son más que repeticiones de "clusters" creados hace muchos años
y que se repiten y se enlazan hasta el cansancio en "nuevos" modelos de acción.
Ni hablar de las actualizaciones o nuevas versiones. En general no son más que
parches a lo ya hecho, con el agregado de alguna nueva función más o menos útil,
o un arreglo a algo que decididamente no funcionaba; todo muy seriamente explicado,
intentando volver loco al usuario y crearle el "síndrome de la última versión"
No quiero criticar la titánica tarea de los programadores, que invierten largas
horas de trabajo y concentración, más una inteligente coordinación de equipo,
al emprender la formulación (o re-formulación) de cualquier código fuente de
cualquier programa.
Critico, básicamente, el precio de venta de cada uno de esos "paquetes".
El trabajo de los equipos de programación, decía, es fantástico. Imaginemos
que el código fuente (el seudo-texto que representa a las funciones que el programa
debe cumplir) de una aplicación como el Word, por ejemplo, insumiría más páginas
que las obras completas de Shakespeare... y para peor, escritas en un lenguaje
menos coloquial... y bastante menos profundo... aunque también exprese ideas.
Sin duda, el trabajo es enorme. Pero esto de ninguna manera justifica la gigantesca
cantidad de dinero que mueve este particular hecho creativo.
Supongamos, por un momento, que los editores de Pablo Cohelo, para su obra El
Alquimista, de la cual se han vendido más de 10 millones de ejemplares en todo
el mundo, hubiesen adoptado el sistema comercial del software. Un ejemplar hubiese
salido al mercado a un precio de, digamos, 150 u$s, en lugar de los 15 $ que
cuesta en realidad, aduciendo su importancia en el desarrollo mental de toda
una generación, y apoyado por una profusa campaña de marketing. Además, agreguemos
el hecho de que el propio Cohelo introduce modificaciones a su texto cada 6
meses y que cada nueva versión costase más o menos 100 u$s.
Mucho me temo que don Pablo no hubiese logrado vender ni 100 ejemplares de su
popular libro. Y esto, por qué? Si en definitiva hay tanto talento en la obra
de Cohelo como en un software de aplicación tradicional.
Hay una gran diferencia. El marketing. O, entendido de otro modo, la descontrolada
generación de necesidades en el consumidor.
Esta seudo-ciencia comunicacional, ha producido más daño que beneficio elaborando
con paciencia de araña una trama tal de necesidades y semi-satisfacciones que
le permite a tipos como el inefable Bill Gates (Cuyo apellido significa "puertas",
aunque él vende "ventanas") no solo se haya convertido en el hombre más rico
del mundo, sino que además, tenga el tupé de teorizar sobre el futuro de la
humanidad, erigiéndose en una especie de Dios vivo en el más amplio sentido
de la palabra.
Ante este, y muchos otros "vivos", algunos creen, van y compran. Otros, como
yo, no. El pobre Bill se tira de los pelos porque le copian sus programas, y
encima lo acusan de monopólico... Que injusticia!!!
Por qué se ensañan tanto con el de las ventanas... y su cohorte de colegas?
Porque los piratas son ellos.
Piratas eran aquellos tipos que surcaban los mares hundiendo a cuanta inocente
navío mercante tuviesen a tiro, robando y violando a pasajeras (y pasajeros)
con el solo fin de acumular enormes riquezas que luego enterraban en islas desiertas
poniéndolas a buen recaudo, lejos de los circuitos de producción y financiamiento
de la época.
Tengo la sensación que la figura les cabe más a un Adobe, un Sun o un Microsoft
que a mi.
Yo me siento violado y robado cuando debo desembolsar miles de pesos para obtener
muy poco más que una base de datos lindamente presentada, o un conjunto de rutinas
que alguien creó originalmente hace más de 20 años, o reestructuras de sistemas
operativos que no andan. Me siento pirateado cuando se me obliga a navegar en
un mar informático temeroso que mi reciente y costosamente adquirida versión
del Pirulo 5.0 va a producir archivos que el Pirulo 4.0 u otra aplicación similar
que posean mis clientes, jamás van a poder ser leídos o interpretados correctamente;
y sobre todo, me pongo furioso ante la absurda y tácita teoría de que si no
tengo lo último, no existo, y me hundo en este agresivo mar globalizado.
Entonces... Voy y me copio lo que necesito... Al fin y al cabo, el que roba
a un ladrón...
Y no me vengan con el tema de la propiedad intelectual y el derecho a explotarla...
(Ya hablaremos de eso en otro momento)
Reacciono ante un verdadero ultraje. Un atropello que, ni aún siendo demostrado
como virtud, puede convencerme de que moviliza la economía incorporando mano
de obra y generando crecimiento.
Vean a Microsoft. En la isla desierta del tal Gates, se halla enterrado un tesoro
que, en conjunto, es superior a la deuda externa de algunos hambrientos países,
y varias veces superior al presupuesto nacional de otros tantos sin que esta
montaña de dinero aporte nada más que algunos artículos en diarios y revistas
y la velada promesa de donarlo todo a la beneficencia en el momento que Bill
muera (si es que muere).
En el orden económico particular, y haciendo un sencillo cálculo, puede observarse
que el costo de mantenerse actualizado en el software llamado productivo, es
varias veces superior a la renta que ese costo permite producir. En otras palabras,
siempre se gasta más de lo que se gana, trabajando con software al día. Ah!
Y guay de portarse mal!! Quien haya leído alguna vez los mamotréticos "acuerdos
de licencia" del software (un eufemismo que intenta legalizar el atropello),
no puede menos que horrorizarse ante la cantidad de calamidades que pueden ocurrirle
si no sigue las normas.
Esto es, sin duda, por temor al plagio, a la copia, a la competencia en definitiva.
Por qué tanto miedo?
Quizás porque saben, en lo más profundo de sus archivos, que lo que hacen no
vale lo que cuesta y temen que finalmente alguien se avive.
Cuando todo se calme, cuando la verdad aflore y el software cueste lo que vale
(unas monedas apenas), se va a terminar la piratería (léase - las víctimas).
Mientras tanto, seguiremos copiando como una forma - ilegal, por cierto - de
protegerse ante tan sofisticada y poderosa verdadera piratería.
E Internet?
Ah! Internet es otra cosa!
3 - 2 - 2000
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